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jueves, 16 de junio de 2011

¿Y ahora qué?

Hace poco tiempo que el mundo entero estuvo atento a una noticia que dio mucho que hablar: el asesinato de Osama Bin Laden por parte del ejército noteamericano. En principio, este hecho podía suponer un punto de inflexión en todos estos años de ocupación internacional (encabezada por supuesto por el adalid bélico por excelencia, EEUU), especialmente tras las declaraciones del ex presidente George W. Bush ("misión cumplida"), o del actual presidente, quien, contra todo pronóstico, no ha hecho más que recoger su testigo en lo que a la ocupación de medio oriente (perdón... de Oriente Medio) cuando se refirió a lo sucedido con un claro:
"al matar a Bin Laden y quebrar el ímpetu de los talibanes hemos logrado mucho de lo que nos propusimos lograr hace diez años"

El problema es que si hoy por hoy, los 100.000 soldados norteamericanos (sin contar los británicos y el resto de la fauna beligerante que se concentran acampados como si de unos "indignaos" yendo de caza se tratara), dejarían a su espalda una derrota mayor aún, la vergüenza visible por todo el planeta de los restos de una comilona voraz: el gobierno débil, corrupto y cada vez menos leal a sus aliados de Hamid Karzai, sin policía ni ejército que le sirvan y rodeado por una nueva oleada de talibanes que, ni mucho menos aplacados (como dijo Obama), experimentan un nuevo auge tras lo sucedido.


Así es como el candidato del "YES, WE CAN", que prometió tantas cosas y tan pocas ha podido cumplir, despertó muchas esperanzas que va a acabar pagando con humo. Los soldados norteamericanos no se van a su casa: ni de Afganistán, ni de Irak. Ni siquiera de Libia. La realidad es que si Obama heredó dos guerras, el que venga después lo hará con tres.

Ernesto Maldonado Cabo

jueves, 2 de junio de 2011

LA RACIONALIDAD COMO RARA AVIS

ADELA CORTINA

EL PAÍS  -  Opinión - 31-05-2011
Adela Cortina
Por qué los ciudadanos votan a unos partidos u otros, en blanco o se abstienen? Cabe pensar que son sus intereses los que mandan, pero la pregunta es entonces qué son los intereses, y parece ser que a menudo tienen poco que ver con eso que los economistas entienden por "intereses racionales". Bien puede suceder que un ciudadano vote en un sentido y no en otro para que su mujer le deje en paz o porque sus amigos van en esa dirección. La fría racionalidad es una rara avis, las cálidas emociones y los sentimientos deciden mucho más de lo que nos creemos.


Esta enseñanza ancestral es la que pone de nuevo sobre el tapete la neuropolítica, una disciplina preocupada por descubrir cómo funciona el cerebro de los ciudadanos, sobre todo de los ciudadanos como electores. El contagio de los saberes "neuro" ha llegado también a la política, generando esa "neuropolítica", que es bien útil a políticos y asesores para organizar los discursos de modo que sea posible captar votos. Un tema, al parecer, apasionante, si los hay. 

Y resulta ser que las gentes, según George Lakoff y otros investigadores del ramo, no votamos teniendo en cuenta los hechos concretos, como cabría pensar de seres presuntamente racionales, sino que en realidad votamos desde nuestros valores, estrechamente ligados a las emociones. 
A lo largo de nuestra historia personal nos vamos identificando con un marco de valores y, una vez configurado el esquema, nos resistimos como gato panza arriba a renunciar a él. 

Lo más curioso es que esos marcos están presentes en las sinapsis del cerebro, e influyen en nuestras decisiones de forma inconsciente. Con lo cual, nos impresionan poco las informaciones concretas sobre la conducta de los políticos o sobre la situación del país: cuando los hechos no encajan en nuestros marcos, mantenemos los marcos e ignoramos los hechos, apagamos el interruptor del aparato por el que nos llegan y seguimos aferrados a nuestros esquemas. 

Así se explica que las informaciones concretas sobre que los políticos del propio partido mienten, que son ignorantes, que no saben resolver los problemas, que más bien forman parte de los problemas, que hacen trampas o que son corruptos, no cambien la intención de nuestro voto. 

Mire usted por dónde, teníamos razón cuando decíamos en broma aquello de que "si los hechos no concuerdan con la teoría, peor para los hechos". En realidad, no hacíamos sino describir lo que ocurre, que en las elecciones un aluvión de datos fehacientes que perjudican al propio partido lleva a votar in extremis al ideológicamente más próximo y, en el peor de los casos, a votar en blanco o abstenerse, pero solo en contadas ocasiones a votar al partido contrario. 

Pintada con Barack H. Obama y una de las máximas de su campaña electoral


¿Cómo puede un partido conseguir adhesiones casi inquebrantables y conquistar los votos de los indecisos? Aquí la neuropolítica resulta de nuevo de utilidad: conocemos esos marcos de valores a través del lenguaje, las palabras se definen en relación con los marcos y, cuando se oye una palabra, el marco se activa en el cerebro. Se trata entonces de crear un lenguaje propio del partido, que caracterice su posición y sintonice con los ciudadanos. Ganar a las gentes por la emoción, a través de la palabra, es clave. 

Edición castellana de G. Lakoff
Podría pensarse que poco nuevo bajo el sol.
Desde siempre la retórica ha sabido que es preciso descubrir las emociones de las gentes para convencerlas de un mensaje.
Entre otras razones, porque la vida es muy compleja, hay muchos datos e información, y las personas, en general, al tomar decisiones, recurrimos al atajo de los mensajes simples, esquemáticos y emotivos, atendemos más a las declaraciones que a las realizaciones. Ahora sabemos que todo esto tiene también bases cerebrales. 
Por fortuna, aquí no acaban los mensajes de la neuropolítica, sino que más bien queda uno esencial:
Los políticos responsables deberían crear marcos de valores atractivos, capaces de sintonizar con los grandes ideales del mundo moderno, y no con lo peor de ese mundo. 

El entorno social y político en que los ciudadanos vivimos influye poderosamente en el desarrollo de nuestro cerebro, y nos ha costado demasiado descubrir esos grandes valores a lo largo de la historia humana como para ahora echarlos por la borda y potenciar lo peor solo por ganar votos. 

Y además importa que ese marco no sea engañoso, que quienes lo diseñen estén dispuestos a tomarlo como orientación tanto en la victoria como en la derrota. Porque, a fin de cuentas, si los hechos rara vez concuerdan con la teoría, al final va a ser peor para ella y para quienes la defienden. El marco acaba volviéndose contra el que lo manipula, por aquello de que tanto va el cántaro a la fuente que al fin se rompe, y es un error de bulto creer que los ciudadanos son siempre tontos. 

Afortunadamente, emoción y razón van unidas, más aún en el caso de ciudadanos que quieran ser críticos y activos, capaces de atender a las realizaciones, y no solo a las declaraciones, capaces de atender a las buenas prácticas y no sólo a las proclamas vacías.



(Posteado por Jesús Fernández Huerta. Los destacados, links e imágenes no forman parte de la publicación aparecida en "El País)




jueves, 21 de abril de 2011

TOCA RENDIR CUENTAS

“¡Maldita sea, claro que sí!”
El ex presidente de Estados UnidosGeorge W. Bush respondió así al director de la CIA cuando le pidió permiso para utilizar “técnicas de interrogatorio mejoradas” con un detenido, que después fue sometido en 180 ocasiones a “water-boarding” o simulacro de ahogamiento.  



El “Waterboarding” es considerado por Estados Unidos una de las técnicas mejoradas de interrogatorio
Bush ha reconocido sin reparos en sus memorias y en televisión que él personalmente autorizó ésta y otras técnicas que claramente constituyentortura. Otros altos cargos de su gobierno también han reconocido su implicación. 

Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, el gobierno de Estados Unidos argumentó que la amenaza que representaba el terrorismo era de tal magnitud que las obligaciones contraídas en virtud del derecho internacional humanitario y del derecho internacional de derechos humanos no eran aplicables en un amplio conjunto de situaciones. 

La CIA ha confirmado que al menos 98 de los llamados detenidos de “alto valor” fueron recluidos en su programa de detenciones secretas entre 2002 y 2007. Todos ellos fueron víctimas de detención ilegal prolongada sin cargos ni juicio, desaparición forzada y tortura. Al margen del programa de la CIA, otros muchos detenidos fueron sometidos a un trato similar en lugares como Afganistán y Guantánamo. 

Poco después de tomar posesión del cargo en 2009, el presidente Barack Obama manifestó que no admitiría el uso de la tortura y otros malos tratos. Sin embargo, hasta ahora siguen impunes los actos de tortura cometidos en el pasado, a pesar de que tanto él como el Fiscal General del Estado,Eric Holder, han afirmado que técnicas de interrogatorio como el “water boarding” son tortura. 

La actual administración está obligada bajo el derecho internacional a investigar todos los casos en los que haya sospecha de desapariciones forzadas, torturas y otros tratos crueles, inhumanos y degradantes, y llevar a los responsables ante la justicia. 

Aunque algunos jueces, abogados y fiscales han hallado pruebas o han tenido conocimiento de indicios de violaciones de derechos humanos cometidas por Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo, hasta ahora no ha habido investigaciones en profundidad. 

El gobierno de Estados Unidos debe rendir cuentas. Las acciones emprendidas por el Fiscal General, Eric Holder, han sido mínimas. Pídele que cumpla con sus obligaciones como responsable último en el Departamento de Justicia. Las víctimas y sus familias tienen derecho a verdad, justicia y reparación.


Noticia extraída de Amnistía Internacional


Ángel Aparicio Cuello

miércoles, 23 de marzo de 2011

LA SOCIEDAD QUE QUEREMOS Y CÓMO SE CONSTRUYE

Ramón García Cotarelo escribe en su blog (enlace a pie de página) sobre cómo la Comisión de Derechos Humanos de la ONU debate sobre la propuesta de Declaración sobre derechos humanos, orientación sexual e identidad de género. Se pretende considerar como derecho humano particular el de la orientación sexual y la identidad de género. Y también, la despenalización universal de la homosexualidad (91 países del mundo siguen previendo multas, torturas e incluso ejecuciones -en ocho países islámicos- contra los y las homosexuales)

Cada derecho conquistado y reconocido es el fruto del esfuerzo de muchas personas, organizaciones e instituciones. El día que en nuestro país se aprobó la reforma del Código Civil que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo, en el Congreso se pudo escuchar "estamos construyendo un país más decente. Porque una sociedad decente es aquella que no humilla a sus miembros". La Política Social, con mayúsculas, es la que se escribe a partir de la suma de los valores de la mayoría de los y las integrantes de una sociedad en un contexto histórico deteminado.

Ser trabajador o trabajadora social implica contribuir a hacer visible aquello que permanece en la penumbra, bien porque afecta a una minoría, porque existe un discurso mayoritario que lo ensombrece, o porque no le llegó el turno a las agendas de quienes tienen que tomar decisiones. Jokin, un adolescente vasco, se suicidó hace algunos años. Con su muerte todos aprendimos lo que era el acoso escolar.


Hoy hemos sabido que la Fundación "The Trevor Project" ha premiado al actor Daniel Radcliffe por su contribución a la campaña "It gets better", para prevenir el suicidio de jóvenes gays, bisexuales y transgénero (LGBT).

The Trevor Project nace en 1994 por iniciativa de unos cineastas, creadores del corto "Trevor", una comedia dramática sobre un chico gay de 13 años que intenta suicidarse al sentir el rechazo social por su orientación sexual. El corto, que podéis ver en el siguiente enlace, fue premiado con el Óscar al mejor cortometraje.


De Emile Durkheim y su obra "El Suicidio" (1897) aprendimos que la conducta individual está fuertemente vinculada con la realidad colectiva. El suicidio se encuentra en la mayoría de los casos, vinculado a causas sociales. El suicidio gay y la homofobia son problemáticas sociales que no siempre son debidamente reconocidas.

En su obra "Teoría Torcida" (1998), Ricardo Llamas señala, citando las conclusiones de varios estudios:
"El suicidio es la primera causa de muerte en jóvenes gays y lesbianas, y la probabilidad de suicidio de éstos y éstas es tres veces superior a la de sus compañeras y compañeros heterosexuales."
Es por ello que merecen ser destacadas este tipo de iniciativas como la liderada por The Trevor Project, en la que han colaborado hasta el propio Barack Hussein Obama. Por cierto que dicha campaña tiene también su versión española, Tu vida va a mejorar.





¿Qué tipo de sociedad quieres tú?
¿Cómo vas a contribuir a ello?


Jesús Fernández